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¿QUE SON LAS CONSTELACIONES FAMILIARES?

 

Las Constelaciones Familiares son un tipo de Terapia Sistémica Familiar desarrollada por Bert Hellinger. Una terapia que se enfoca en los conflictos psicológicos originados en nuestra historia y relación familiar. El método se fundamenta en trabajar en un grupo en el que cada persona representa a un miembro de la familia de quien está constelando. También puede trabajarse en sesiones individuales valiéndose de objetos como papeles, muñecos o fotos que representarán a los miembros familiares. El alcance del trabajo no solo se limita a la persona que ha hecho su constelación, sino también a su sistema familiar, ya que cuando un elemento del sistema se mueve, todos se recolocan a su vez, encontrando un mejor equilibrio.

¿Quién es Bert Hellinger?

Bert Hellinger nació en Alemania en 1925. Estudió Filosofía y Teología y se formó en Dinámica de Grupos, Psicoanálisis, Terapia Primal, Psicodrama, Hipnosis, Análisis Transaccional, Terapia Gestalt, Programación Neurolingüística (PNL) y Terapia Familiar Sistémica. Fruto de todo ello, nació su trabajo de Constelaciones Familiares y el descubrimiento de los órdenes del Amor. Los “Movimientos del Alma y del Espíritu” es la última y más profunda evolución de su trabajo filosófico y terapéutico. A los 20 años, entró en una orden católica religiosa y estuvo 16 años como misionero en Sudáfrica con los zulúes. Después de 25 años dejó el sacerdocio, a partir de una pregunta que le formuló un sacerdote, “¿Qué es más importante para ti, tus ideales o la gente? ¿Cuál sacrificarías?”.

La orientación de su trabajo hacia y para la gente, hicieron que Hellinger se plantease de nuevo sus enseñanzas. Más tarde, su trabajo con el análisis de guiones le llevó a descubrir que algunos de los guiones que funcionan en las personas, pasan de generación en generación y se manifiestan en sistemas de relación familiar. Durante este periodo, fue dándose cuenta de las dinámicas de identificación dentro del sistema familiar, como por ejemplo:

-Las lealtades invisibles.
-El equilibrio entre el dar y el tomar en las relaciones familiares
-La importancia de la jerarquía y el orden en las familias.

A través de la experimentación y la integración de todas estas formas de terapia, llegó a desarrollar su propia terapia familiar sistémica que le ha valido para lograr el reconocimiento profesional como uno de los terapeutas claves de la psicoterapia actual.

¿Realmente tiene tanta importancia nuestra historia familiar?

Nuestra sociedad está empezando a recuperar algo que durante milenios formó parte de su bagaje cultural y que solo en tiempos recientes fue rechazado: el concepto global de familia tanto presente como fallecida. Es pues que en este campo de investigación y de sanación, están surgiendo nuevas terapias y propuestas, basadas todas ellas en una idea fundamental: no podemos huir del sistema familiar, no podemos negarlo ni ignorarlo. Allá donde vayamos, llevaremos con nosotros toda nuestra historia y la historia de nuestros antepasados. Y ante la historia de la familia, solo tenemos una opción constructiva: aceptarla, integrarla, y a partir de ahí, liberarnos y abrirnos a un nuevo camino en nuestra existencia.

Estas terapias generacionales proporcionan un marco adecuado para la comprensión y la sanación de las historias familiares no resueltas y es por tanto la idea fundamental de las Constelaciones Familiares. Se trata de buscar la aceptación de lo que existe con amor y con respeto, sin juzgar. La huída, el reproche o el “sentirse víctima”, no son pautas que ayuden en este proceso sanador.

¿Hay entonces una herencia familiar genética?

Una de las principales aportaciones de este enfoque generacional consiste en la comprobación de que existe un inconsciente familiar, algo que viene a sumarse a la propia experiencia, tanto social como individual del ser humano. Podríamos decir que la familia actúa condicionándonos, pero no dirigiéndonos rotundamente. Parece ser que el niño desde que está desarrollándose en el vientre materno, empieza a percibir información y sensaciones de los miembros de la familia, es la llamada “transmisión genética”. Los abuelos, los padres, los tíos e incluso los hermanos mayores ya nacidos, proyectan sobre él sus deseos, sus anhelos y sus historias no resueltas.

Toda esta teoría “trans-generacional” se apoya en la idea de que existe una transmisión genética de la historia familiar que tiene un impacto decisivo sobre cada persona. Finalmente, podríamos afirmar que heredamos los conflictos familiares no resueltos. Desde la “perspectiva primal”, estos conflictos tienen que ver, en esencia, con la ausencia de duelo, la falta de reconocimiento y los secretos de familia.

¿Qué miembros de la familia son representados en una constelación familiar?

Aquellos que pertenecen a lo que Bert Hellinger denomina “Red Familiar”. A esta red familiar pertenecen: los hijos y sus hermanos, los padres y sus hermanos, los abuelos de ambas partes, a veces, algunos de los bisabuelos , y todos aquellos que hicieron sitio para otros en el sistema, por ejemplo un primer marido o una primera mujer.

Muchos comportamientos actuales de una persona no son explicables desde su situación actual, sino que se remontan a distintos sucesos en su familia de origen, es decir a vivencias de sus padres o antepasados más lejanos. Las leyes según las cuales se desarrollan identificaciones e implicaciones trágicas entre los miembros de una familia, se definen como “Ordenes del Amor”.

¿Qué leyes hay en la terapia sistémica?

Fundamentalmente hay 3 leyes:

• Ley de pertenencia. Todos los elementos o personas de un Sistema tienen el mismo derecho a su pertenencia. Todo miembro de un sistema no puede ser excluido de él. Si un elemento de un sistema excluye a otro, los demás miembros del sistema llevarán cargas especiales para poder mantener en equilibrio el mismo.

• Ley de Orden. Todos los elementos de un Sistema están sujetos a una jerarquía de acuerdo al tiempo en que llegaron al Sistema. Aquellos que vinieron antes tienen una mayor jerarquía sobre los que llegaron después.

• Ley de Equilibrio. Tiene que haber un equilibrio siempre entre el Dar y el Recibir. Todos los sistemas tienen la tendencia y la necesidad de equilibrarse. Toda relación entre iguales está sujeta a esta ley.

¿Qué son los órdenes del amor?

Bert Hellinger insiste en que las familias tienen determinados órdenes naturales, “ordenes del amor”, y cuando estos órdenes se trastocan, surgen situaciones conflictivas que repercuten en las generaciones sucesivas. Este orden familiar está dirigido por una ”conciencia común”, la cual hace que nadie sea excluido.

Cuando un miembro de la familia es olvidado o dejado de lado, volverá a aparecer de algún modo en forma de identificaciones o antagonismos con otros miembros del grupo. Es decir, la situación actual de una persona está directamente relacionada con los conflictos, vivencias y alegrías de sus antepasados, incluso con los que ya no viven. Es necesario entonces encontrar un nuevo orden para esas estructuras familiares difíciles.

Lo que una generación deje de resolver será la generación siguiente la que, incluso inconscientemente, intente resolverlo. Los asuntos no resueltos de los sistemas familiares anteriores a una persona, que pueden afectarle, se manifiestan en forma de destinos trágicos, enfermedades, trastornos psíquicos y físicos y comportamientos conflictivos.

Hellinger intenta también hacer un abordaje social, por lo que postula que es importante tener en cuenta las consecuencias de la violencia política. Si las decisiones políticas no toman en cuenta valores éticos justos, no existen ganadores. Así por ejemplo, los hijos de los ocasionadores de violencia, se identificarán probablemente con sus víctimas, y el dolor ocasionado se transmitirá generacionalmente.

Hellinger dice que no es suficiente la buena voluntad para que el amor pueda expresarse entre los humanos. El amor necesita que se respeten determinadas leyes. Así por ejemplo, hay padres que ven como sus hijos caen en la enfermedad o en la adicción, o que se suicidan a pesar de haberles dado todo su amor. Por tanto, es obvio que se necesita algo más para que ese amor se logre: el conocimiento y reconocimiento de un “orden del amor” que actúa en las profundidades del alma.

¿Cuáles son estos órdenes del amor?

Algunos de ellos son:

—El amor lo podemos considerar como la fuerza que mueve el mundo. No es la idea común de un trueque entre dar y recibir, sino un sentimiento de amor altruista.

—Nacemos de unos padres y a ellos les debemos nuestra existencia. Queramos o no, estaremos vinculados a ellos toda nuestra existencia, tal y como la naturaleza en su conjunto lo está a todos los seres vivos. Esto no quiere decir que los hijos no amen a sus padres, sino que el equilibrio entre dar y recibir entre ambas generaciones es diferente. Los padres dan, los hijos toman. El flujo natural del amor de los padres es el de dar. Los hijos son los pequeños, los posteriores y, en consecuencia, toman.

Este equilibrio se rompe cuando un hijo por ejemplo, pretende ser más importante que sus padres. Bert Hellinger llama a eso “arrogancia”. El hijo dice a los padres: “Soy mejor que vosotros, lo hago mejor que vosotros”. Lo cierto es que aunque el hijo llegue más lejos que los padres, esto no hace al hijo más grande que a sus padres y continuará siendo tributario de ellos, en el sentido de que jamás podrá devolverles lo recibido: la vida. El amor consiste entonces en respetar su grandeza, tomar lo que se recibe y mostrar gratitud. El equilibrio también se rompe cuando el hijo se niega a tomar o recibir de sus padres, por ejemplo, cuando el hijo dice a sus padres: “No quiero lo que me dais”. Tenemos aquí una especie de autosuficiencia. El río pretende que por él discurran otras aguas diferentes a las que recibe, como si pudiera decidir quién es, a base de ignorar de donde viene.

“Nadie puede verdaderamente amar si primero no sabe recibir y agradecer”.

¿Y qué sucede cuando un miembro es excluido del sistema familiar?

En el seno de lo que Bert Hellinger llama “alma familiar”, todos tienen un lugar de dignidad y de respeto. Y “todos” quiere decir exactamente “todos”. Esto es de gran importancia en este ámbito de los “ordenes del amor” puesto que el alma familiar no acepta exclusiones. Cuando alguien es excluido, el flujo del amor se resiente.

Hay muchas formas de excluir: ignorar, olvidar o marginar son algunas de ellas. Pero también se excluye a alguien juzgándolo y condenándolo, o descalificándolo de muchas maneras: “El abuelo estaba loco y nos fastidió mucho”, “Tu tío fue un borracho”,”No me gusta mi hermano”,….

A veces, la víctima de un sistema familiar se cree con el derecho a ser verdugo. En este sentido, cualquier venganza o arrogancia, o desorden, se convierte en una especie de boomerang.
Alguien posterior sufrirá las consecuencias y nadie encontrara explicación a sufrimiento. A esto Bert Hellinger le llama “destino ciego” o “amor ciego”. Amor ciego es, por ejemplo, el del hijo que para compensar la marginación que sufrió alguien anterior, asume, sin saberlo, su mismo destino. Amor ciego es el del hijo que viendo que sus padres han sido infelices, no se permite a sí mismo ser feliz, como si al serlo se convirtiese en una especie de traidor.

“No hay mejor manera de sanar la infelicidad de los que nos precedieron, que llevar una vida feliz y fecunda”.

Para Bert Hellinger los vínculos de sangre que conforman el sistema familiar, no son solo los de la vida, sino también los de la muerte. Es decir: entre perpetradores y víctimas (asesinatos, violaciones, hechos de guerra, etc.) se crea un vínculo tan fuerte, que los incluye igualmente en el ámbito familiar de unos y otros. El alma no tolera exclusiones, es por ello que en los hechos trágicos en relación con nuestros antepasados, es necesario incluir a las otras personas afectadas, sean víctimas o perpetradores, aunque en un principio pertenezcan a otro sistema familiar.
Solo es posible lograr la paz cuando atravesamos los esquemas de buenos y malos o de culpables e inocentes y confiamos en la vida y en sus, a veces, inexplicables laberintos.

Un amor interrumpido o un movimiento frustrado hacia uno de los padres pueden desequilibrar a todo un sistema familiar; también cuando un miembro de la familia murió tempranamente, o alguien fue excluido de la familia o se le negó la pertenencia a la misma puede producir tales desequilibrios familiares.

Texto basado en material didáctico de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal

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