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¿QUE SON LAS CONSTELACIONES FAMILIARES?

 

Los movimientos internos que rigen esas arenas del amor y de las relaciones de pareja, con sus marcos familiares, son el territorio sutil que exploramos gracias a la técnica de las constelaciones familiares, una herramienta terapéutica —basada en los abordajes humanistas y fenomenológicos, en la terapia sistémica familiar y en la terapia transgeneracional— que explica cómo la vida de nuestros anteriores, con sus talentos, miedos, traumas, creencias y esperanzas ejerce a menudo una influencia sobre nuestras propias vidas.

Asimismo, tiene un cariz existencial, pues contempla la constante transformación del ser humano con sus hechos determinantes, proporcionando un marco para hacernos preguntas sobre la existencia sin dogmatismos.

Las constelaciones familiares fueron creadas por Bert Hellinger, un filósofo, teólogo y terapeuta alemán nacido en 1925, estudioso de la dinámica de grupos, el psicoanálisis, el análisis transaccional, la terapia Gestalt y las terapias humanistas, familiares y sistémicas.

Las constelaciones permiten que una persona, pareja o familia planteen ante un terapeuta sus problemas, sean del tipo que sean: emocionales, de pareja, con los hijos, los padres o los hermanos, de salud psicológica y física, de trabajo, de comunicación o de personalidad para que el terapeuta los convierta en una representación escénica. Ello permite, en un tiempo bastante breve, aunque muy intenso, visualizar las dinámicas desfavorables que operan en ese sistema personal o familiar para tratar de abordarlas y cambiarlas. Es una técnica que habitualmente se practica en grupo: la persona enuncia brevemente su problema y sus objetivos personales y presenta al terapeuta informaciones de su árbol familiar de influencia con sus hechos determinantes.

Después se eligen representantes para las personas involucradas en esa cuestión, ya sean de la familia actual o de la familia de origen, parejas anteriores, relaciones personales, etcétera. Una vez escogidos los representantes, estos se sitúan en un escenario central para que el protagonista de la constelación exteriorice, visualice y sienta con claridad toda su estructura familiar y de influencia personal, sus vínculos y su red de relaciones.

Es una forma muy gráfica de plasmar las conexiones y el lugar que ocupa cada uno en el sistema. A continuación, los representantes reflejan, dejándose llevar por su propia percepción, el trasfondo emocional de las situaciones que ha planteado la persona protagonista de la constelación. De esta forma van emergiendo las dinámicas que hacen perdurar los problemas, a menudo sutiles, a veces invisibles, y se generan imágenes alternativas de solución a través, por ejemplo, de la integración de excluidos o de reparaciones entre las personas; se completan movimientos emocionales pendientes o se expresan frases rituales que ordenan, estructuran y alivian a todos los miembros del sistema.

A menudo, la persona experimenta una sensación de liberación de cargas y sensaciones corporales, de soltar culpas o de alejarse de un destino que parecía ya irremediable; integra traumas, asuntos que quedaron pendientes en la infancia o comprende mejor el lugar que le corresponde en el sistema familiar, iniciando un proceso de transformación emocional en sus relaciones y orientándose mejor hacia los objetivos vitales que desea.

Con este trabajo se puede observar personas que repetían o se anclaban a patrones desgraciados protagonizados por otros miembros de su familia (pérdidas, adicciones, fracasos, rabias, depresiones, abandonos, infidelidades…). Eran personas que seguían lealtades invisibles y que, después de trabajar en su constelación, se sintieron renovadas o incluso transformadas.

Se puede ver sobre hijos que aman ciegamente a sus padres y que asumen dinámicas durísimas, como aferrarse a la muerte junto a otras personas que no han sido capaces de completar su duelo, o que asumen culpas de otros o cargan con esfuerzos y luchas que no les corresponden (como ser la pareja invisible de uno de los padres), y que tras la constelación sienten una mayor disponibilidad para vivir sus propias vidas en plenitud.

El efecto de una constelación suele ser una suerte de liberación, porque las corrientes internas apenas intuidas se desvelan y lo no resuelto es por fin atendido, en un clima de intensa emocionalidad que actúa a modo de revelación y catarsis.

Las constelaciones actúan a un nivel profundo, en el seno de los misterios del grupo familiar y de su alma colectiva; un alma a la que de algún modo pertenecemos y de cuyo equilibrio depende nuestro bienestar personal. Podríamos decir que pertenecemos a un alma colectiva familiar que nos envuelve y acoge, dándonos identidad y satisfaciendo nuestra sed de pertenencia, que es el instinto más poderoso del ser humano, al tiempo que nos ata a lealtades y exigencias sacrificiales que pueden y deben ser superadas para que la orientación hacia la vida y la felicidad triunfe sobre sus contrarios de muerte y desdicha.

En otro sentido, aunque con similitudes, Carl Jung explicó muy bien la importancia y el modo de operar de estas fuerzas no evidentes con su idea del inconsciente colectivo. En el seno familiar hay hechos que duelen, debilitan, avergüenzan o hieren, y a veces el sistema trata de protegerse de ellos con el silencio, relegándolos al olvido, sin advertir que los silencios tienen consecuencias e impiden la fortaleza y la salud del grupo, y a menudo conllevan implicaciones y sacrificios. Se requiere integrar lo que dolió o devastó para que pierda su poder y quede en el pasado.

Todos vivimos no únicamente en nuestra individualidad, sino vinculados a redes —en especial la familiar, aunque haya otras— que nos influyen e incluso gobiernan aunque no las comprendamos. En estas redes, el amor por sí solo no asegura el bienestar, no es suficiente: necesita un orden. Es lo que denominamos buen amor. El buen amor se reconoce porque nos conduce hacia el bienestar, la vida, el provecho y la realización. El buen amor supone que hemos avanzado emocionalmente para respetar y asentir al pasado y a los dones y a las heridas de nuestros anteriores en lugar de involucrarnos en estas últimas, repitiéndolas o mostrándoles a nuestros anteriores una fidelidad mal entendida a través de nuestra infelicidad. Así, el buen amor logra que vayamos un poco más allá en más vida, tanto en bienestar como en felicidad.

Un claro objetivo de las constelaciones familiares es, pues, ordenar el amor, plasmarlo en una buena geometría de las relaciones humanas que incluya a todos sin excepción, igualmente dignos de respeto y de consideración, cada uno en el lugar vincular que le corresponde y nutriéndose los unos a los otros, de manera que logren crecer en vez de padecer. Este es el buen amor que se estimula en las constelaciones familiares.

Garriga, Joan. Bailando juntos (Spanish Edition) . Grupo Planeta.