POR QUÉ EL AMOR NO BASTA PARA DESEAR

 

 
 
 
 
 

POR QUÉ EL AMOR NO BASTA PARA DESEAR

 

Hoy quiero hablarte de algo que quizá te remueva por dentro: la sexualidad en pareja. No para teorizar, sino para que te cuestiones desde un lugar más profundo. Voy a hacerlo a través de las ideas de Esther Perel y su libro Inteligencia Erótica. Si no la conoces, es una terapeuta belga, muy lúcida y transgresora, que lleva años arrojando luz sobre lo que nos pasa en las relaciones. Quiero aclararte algo: no acompaño procesos centrados en la sexualidad, sino que observo, desde una mirada sistémica, cómo te relacionas con ella. Lo que me impulsa a escribirte es ver, una y otra vez, parejas que se cuidan, que se respetan, que son grandes amigos… pero en las que el deseo se ha apagado. Seguro has escuchado esa frase tan común:

“Es un gran compañero, me cuida, me trata bien, pero ya no siento nada más por él.”

Ante esto, mira lo que dice EstHer Perel:

“Siempre se ha dicho que amar viene con desear y que una mejor intimidad garantiza un mejor sexo. Ella piensa que es al revés, que la falta de deseo es la consecuencia de una intimidad creciente. Verás por qué afirma esto. La intimidad viene con un sentimiento de protección, de reciprocidad, de suavidad, y puede ser que todas esas emociones a veces bloqueen la naturalidad y la libertad que se necesita para tener deseo.”

Y tiene sentido. Desde una observación más amplia, la filosofía griega ya hablaba de distintas formas de amor. Eros representa el deseo sexual, la pasión, el enamoramiento. Es la fuerza que dice “te quiero poseer”, “quiero que seas mío”. El foco está en el yo que anhela, que busca, que exige. El otro aún no es un sujeto, es objeto del deseo. En cambio, philia representa la amistad, el amor sereno, la complicidad. Es el amor de pareja que integra al otro como sujeto: yo y tú. Esta forma de amor es profunda, pero también puede ser —curiosamente— antiafrodisíaca. ¿Te das cuenta? Amar desde el cuidado puede apagar el fuego del deseo. Desde ahí, te propongo algo: quizá el reto este en que ese gran amigo o amiga tan cercano vuelva a tener un poco de misterio, de distancia. El desafío es aprender el arte de mirar a tu pareja con nuevos ojos, con cierta lejanía que vuelva a despertar la curiosidad. Reconciliar el amor con el deseo, la seguridad con la aventura.

Por otra parte, no olvides algo esencial: dentro de ti coexisten dos fuerzas opuestas. Una busca seguridad, estabilidad, calma; la otra necesita aventura, riesgo y novedad. Y aquí te lanzo una pregunta: ¿Podría ser ese famoso “necesito espacio” un reclamo del alma? ¿Podría ser un modo de pedir aire, para que la relación respire, para que vuelva esa deliciosa incertidumbre que da vida a la atracción? Quizá el no permitir ese espacio sea, sin darte cuenta, lo que marchita el deseo. A veces temes dejar a tu pareja libre por miedo a perderla, sin darte cuenta de que es ese mismo miedo el que puede apagar la energía erótica.

“El fuego necesita aire, y demasiadas parejas no se dejan suficiente aire como para mantener encendido el fuego.”

Míralo así: hoy intentas conseguir algo que antes no se había logrado. Quieres unir pasión, amor y compromiso dentro del mismo hogar. En otras épocas, el amor conyugal existía, pero la pasión se vivía fuera del matrimonio. El reto contemporáneo es integrar esos mundos sin que uno anule al otro. Por eso, cuando acompaño a parejas, suelo invitar a que cada uno tenga su propio espacio vital. Si eres mujer, permite momentos con otras mujeres; si eres hombre, haz lo mismo con hombres. Que tu pareja tenga su propio aire, su tribu, sus conversaciones, su disfrute sin ti. No conviertas el amor en una prisión hecha de control o desconfianza. Dale espacio para que recupere su fuerza fuera de tu entorno; esa distancia se transformará luego en deseo.

Y sí, la fantasía también tiene su lugar. Jugar, imaginar, permitirse explorar juntos desde la confianza y sin miedo. Atraviesa, junto a tu pareja, la intimidad sin que el amor limite al eros. Siempre desde el respeto y la libertad.

“Si buscas seguridad en una relación, esta se vuelve cómoda e ilusoria. La grandeza de la relación es su misma inseguridad.” —Krishnamurti

Lo que quiero dejarte en este espacio de reflexión es una invitación: cuestiona esa creencia tan arraigada de que amar y desear siempre van de la mano. Mira con atención tus relaciones. Si dejas de desear, puede que no sea falta de amor, sino el exceso de intimidad lo que apaga el fuego. Y si sientes que no te desean, tal vez no se trate de falta de cariño, sino de que la seguridad se ha vuelto demasiado cómoda. Observa. Cuestiona. No creas todo lo que has aprendido sobre el amor. El verdadero arte de la pareja podría estar en encontrar ese punto exacto entre el amor y la distancia. Amar es cercanía, pero el deseo necesita un poco de lejanía para respirar.

Para comprenderlo mejor, observa las tres fuerzas que habitan dentro de ti y de tu pareja: la fuerza del amor, la fuerza erótica y la fuerza sexual. La fuerza erótica es el puente entre el sexo y el amor, aunque pocas veces logra sostener ese equilibrio. Está viva durante el enamoramiento, pero se desvanece si no aprendes a cultivar la relación con consciencia. Sin amor, la energía erótica se consume a sí misma. Hay parejas con gran amor y sexualidad activa, pero sin eros. Tienen afecto, cariño, complicidad, pero la chispa no está. Una relación verdaderamente integral es la que une amor, eros y sexualidad en un mismo flujo de vida. Y quizá te preguntes: ¿cómo distinguir el eros del amor? El amor, con mayúsculas, solo aparece tras un proceso de crecimiento y entrega mutua. El eros, en cambio, surge de golpe, como un relámpago que enciende el cuerpo y puede desaparecer tan rápido como vino. El error es confundir ese impulso con el amor verdadero, y pasar la vida saltando de relación en relación buscando algo que, en realidad, nace de dentro. También puede que hayas levantado una coraza de miedo alrededor del corazón. Experiencias pasadas, decepciones, heridas… todo eso limita la capacidad de dejar que eros fluya y se transforme en algo más profundo.

Entonces llega la gran pregunta: ¿cómo mantener vivo el eros en la pareja?El eros se alimenta de curiosidad, de no dar al otro por conocido. El instante en que crees que ya sabes todo de tu pareja, el eros se desvanece. Piénsalo: ni siquiera te conoces del todo a ti mismo. Si tú cambias cada día, ¿cómo podrías conocer por completo a quien amas? Las personas, igual que todo en el universo, evolucionan. La pareja es un organismo vivo que cambia y se transforma constantemente. El error es creer que tu pareja sigue siendo la misma que conociste. Mírala. De verdad. A los ojos. Reconócela en su presente, no en la imagen que guardas de ella.

Toda relación tiene sus oscilaciones, lo que Bert Hellinger llamaba “picos y valles”. Son movimientos que enseñan a amar con más consciencia, atentos al delicado equilibrio entre desear y conceder. Para sostener una relación madura, necesitas una madurez emocional y espiritual equivalente. Atraes personas que resuenan con tu mismo nivel de consciencia. Por eso, si no logras vivir la relación que deseas, pregúntate sin juicio: ¿qué parte de mí necesita ser mirada, comprendida o sanada?

Una relación madura no se sostiene solo en el amor mutuo, sino en el crecimiento individual de cada uno. El trabajo interior —cuerpo, alma, mente y corazón— potencia tu capacidad de amar y de vivir tu sexualidad con plenitud. Y quizá, solo quizá, desde ahí, te descubras un poco más feliz… y más libre en pareja.

 
 

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