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En tu ruptura ¿Eres de los que te sientes culpable?

Quizás la ruptura de pareja ha llegado a tu vida, te han anunciado que te dejan. Las continuas peleas y conflictos crearon tal distancia entre tú y tu pareja que hizo que llegado un momento no comprendieras la situación, ni a tu (ex) pareja. Os habéis hecho tanto daño que la cuenta interna de vuestra relación llegó a números rojos. Por diferentes circunstancias se le acabó el amor a tu expareja.

Ahora tú vuelves la vista atrás y te das cuenta de que podías haberlo hecho mejor, incluso te has comportado o has hecho cosas en tu relación sentimental que no están “bien” y ahora te sientes culpable. Te entiendo, quiero que sepas que este es el nivel más sencillo de culpabilidad. A este nivel es muy difícil que te des cuenta de cómo opera el virus mental que ahora sientes. Una voz dentro de tu cabeza dice: «lo que he hecho ha estado mal, me he comportado mal y por eso me siento culpable». Y ya está. Está tan socializado que no encuentras nada raro en ello. Yo te lo voy a explicar para que te ayude a percibir esto de otra manera que te alivie, y que ojalá tras la práctica de mis propuestas comprendas que no eres culpable, que sois inocentes, que eres inocente y que lo hiciste lo mejor que sabías.

Normalmente, al hacer algo mal o comportarte de forma inadecuada lo llamas «error», y esto que te dices se caracteriza porque te produce algún tipo de sufrimiento, molestia, carencia u ofensa. Por lo tanto, ya tienes entrelazados los conceptos que te hacen sufrir: error – sufrimiento – culpa.

Sin embargo, ha habido una variación importantísima en la percepción de la situación entre el comportamiento o suceso llamado «el error» y el momento en que te sientes culpable. Cuando hiciste lo que ahora te parece un error, en ese mismo momento no te pareció un error, sino lo inevitable.

Todos tus programas mentales, tus disfraces, tu sentir de ese momento consecuencia de tu modelo mental, tus miedos y deseos, la presión emocional de tu relación, en fin, tu personaje eligió hacer lo que hizo desde su interpretación disponible en ese momento. Y no encontraste nada mejor que hacer, ya sea porque no lo viste, ya sea porque no estabas bien informado, o porque seguías un consejo, o una creencia disfuncional, o una lealtad a tu sistema familiar de origen, o simplemente porque tenías miedo, o deseabas algo con ansiedad.

Puede ser que fuera el miedo o los celos el que te impulsase a hacerlo, o bien la falta de información, la inconsciencia, el desconocimiento, la inexperiencia o cualquiera de los habituales aprisionamientos mentales. En el caso del miedo, o lo produce un peligro tangible, y por tanto el suceso resultante no es un error sino una lógica defensa, o bien es un miedo infundado o exagerado, que no es otra cosa que un nuevo tipo de inconsciencia. Todo ello son formas de inconsciencia, con lo que puedes llegar a una conclusión clara: «el error» sucede siempre debido a algún tipo de inconsciencia.

De modo que en el momento de la acción o comportamiento en tu relación sentimental no podías hacer otra cosa más que la que hiciste. Si no veías, es decir, si no eras consciente, ni siquiera tenías libertad de elegir. La falta de desidentificación por tu parte con el programa mental te hace creer todo lo que él dice y reaccionas a sus indicaciones, ves a través de él y encuentras al culpable, el programa dice que eres tú mismo/a. No es el caso, pero podría decir que es tu (ex) pareja, no te lo pierdas.

Por experiencia personal la culpa resulta muy pegajosa y difícil de soltar. En realidad, soltar la culpa es una decisión simple de dejar de castigarte. Algo en ti se instaló y cree que cuando te castigas va a desaparecer ese dolor interno, te castigas como forma ilusoria de aliviarte y acabas sufriendo. No te das cuenta de que lo que hiciste era inevitable. Desde ese nivel de conciencia no podías hacer otra cosa porque no la hiciste, pero la culpa dice «castígate» y así se desaparecerá tu malestar interno. Como te decía antes, hay una voz interna que te susurra: «y si hubieras hecho esto, o lo otro no habría pasado esto o lo de más allá» o el famoso «y si» y «pero» rondan por tu cabeza, ¿verdad?

Partiendo de aquí quiero ir un poco más allá. Voy a compartir contigo tres herramientas, desde una de las más profundas que facilito en mis sesiones de acompañamiento individual, pasando por otra más cognitiva, hasta llegar a la última herramienta que será más reflexiva. Espero ser útil con mis sugerencias.

Primera herramienta

Te invito ahora a que la siguiente herramienta la escuches en un lugar que no te moleste nadie, tranquilo/a (sino es así, te recomiendo que sigas leyendo). Te irá bien, para luego pasar a la acción, te lo aseguro:

Espero que te haya servido este ejercicio basado en el perdón transpersonal de Jorge Lomar. Puede que no te vayan las cosas tan profundas y aun quieras probar otras. Así que vamos a verlo si te parece, de otra forma práctica, a ver si así te alivias. Entender es aliviar y comprender es liberar, y en esto está mi empeño en este artículo. Sé que pocas emociones pueden resultar tan tóxicas y destructivas como la culpa.

Segunda herramienta

A continuación, vamos hacer una práctica basada en una de las herramientas que propone la psiquiatra Marián Rojas, y ajustada por mí para el asunto que estamos desarrollando.

 

CÓMO APACIGUAR EL SENTIMIENTO DE CULPA

 

⸺Fíjate y toma nota de las principales culpas que te asaltan la mente a lo largo del día. Observa cuáles son los sucesos de tu vida que te afectan más. Acepta que quizá te juzgas con demasiada dureza en algunos asuntos.

⸺Haz una lista de fallos, culpas o faltas que hayas podido cometer a lo largo de la vida y que te hayan marcado de alguna manera. Sin exagerar, no seas excesivamente duro ni excesivamente indulgente, un punto medio. Puntúalas de cero a cinco. Gracias a tus anotaciones te darás cuenta de que puedes acotar de forma precisa tu percepción de culpabilidad.

⸺Observa ese suceso de tu pasado que te atormenta como si estuvieras sentado en el tren, viendo esa escena de tu vida pasar ante ti. Date cuenta de que ya no hay forma de influir en ella. La culpa no ayuda, no te hace crecer. No te quita la pena, la angustia o la desesperanza. No es constructiva. Es solo una emoción tóxica que te impide avanzar y que hay que procesar y destruir.

⸺Vuelve a tu presente con esta pregunta arriesgada: ¿qué me estoy perdiendo de mi presente por vivir enganchado en la culpa? Te sorprenderás, cosas buenas están sucediendo en tu entorno, ¡seguro!, que no eres capaz de percibir.

⸺Aprende a quererte. Para estar bien en la vida, lo más necesario es saber estar bien con uno mismo. Las personas que se asientan en la culpa no logran visualizar sus fortalezas y sus talentos. Perciben que todo recae constantemente en ellos por sus limitaciones o defectos (¡su percepción está distorsionada!).

⸺Cuidado con el victimismo. La culpa es una rampa deslizante que acaba en muchas ocasiones en el victimismo, comportamiento neurótico y tóxico que entorpece tu visión de la vida y tu manera de relacionarte con los demás.

⸺Busca en ti cosas que te agraden. Existen, pero en ocasiones tu estado de ánimo, tus anclajes en el pasado, te lo impiden ver. Seguro que dentro de ti existen aptitudes que pueden ser un impulso para crecer en positivo, ¡aunque disgusten a otros! Ahí está tu mayor reto: despegarte de la opinión y juicio de los demás.

⸺Fija tus valores. La culpa conlleva que todo el sistema de valores se tambalee. Uno no sabe qué cree ni por qué cree. ¿Qué rige tu vida? Piensa si no estás siendo muy duro contigo mismo por algo impuesto desde fuera o por exigencias de las que te has ido cargando a lo largo de la vida.

Tercera herramienta

La última herramienta que quiero ofrecerte en este artículo es a través de la reflexión que propone Bert Hellinger y un servidor, quizás esto tenga que ver contigo y te ayuda: Cuando alguien hace daño y después se acerca y pide perdón, ¿Qué crees que ocurre en lo profundo de la relación? Ocurre que, la persona dañada además del dolor que ha recibido, tiene que darle algo al otro que haga que se sienta mejor. Y a eso se llamamos perdón.

En realidad, se hace una colocación de los miembros de la pareja en la que uno es el “bueno/a” y el otro el “malo/a” Uno/a se hace “grande y otro/a se hace pequeño/a”. Por si era poco, todo esto debilita aún más el alma de la relación llegado el final de la misma. Además, deja a ambos sin fuerza, ni energía para seguir el curso de la vida.

Otra cosa sería que dijera el que ha creado el daño o la mala actuación: “Siento lo que he hecho, me hago responsable de las consecuencias y si ya no quieres tener contacto conmigo, también lo acepto” ¿Ves si cambia algo en la energía de la situación? Cuando cometemos un error debemos recoger nuestra responsabilidad y aprender de lo sucedido, de nada sirve pedirle el perdón a la otra persona, como si está pudiese ofrecer algo que te alivie.

Según mi experiencia, para dejar de sentir culpa y evitar que esta te amargue, debes perdonarte a ti mismo/a. Así se disuelve la culpa que ahora sientes, aunque cueste, debes comenzar a practicar el perdón profundo hacia ti y la relación tal como fue. Sin que esto implique que vayas a volver a la relación, no te confundas. Cuantas veces veo que lo que en realidad va bien en estos casos, es dejar de luchar por el amor perdido y abandonar la pretensión de conseguir de tu (ex) pareja aquello que solo tú puedes darte.

Espero que con esto que he compartido comiences a sentir alivio, porque ahora solo falta ponerte las pilas, capacítate, aprende habilidades nuevas que te hagan cambiar tu forma de estar en pareja, pide ayuda para no volver a repetir tus «errores». Toda esta explicación no sirve de nada si te lo tomas solamente para aliviarte, justificarte y/o piensas que la siguiente relación va a ser mejor sin hacer nada diferente.

Si quieres que te ayude a pasar página y quedar libre en tu ruptura de pareja te animo a que solicites tu sesión informativa gratuita en el botón de WhatsApp o o en [email protected]

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