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TU RUPTURA DE PAREJA ES UNA EXCELENTE OPORTUNIDAD

 

Cuando llega el final de una relación de pareja puede que flaqueen tus mecanismos de defensa, estás más sensible y todo aquello que has ido tapando inconscientemente durante toda tu vida puede aflorar cuando entras en un proceso en el que te hace cuestionar tu forma de vivir la vida. 

Cuando en el presente te sientes vulnerable e indefenso, en gran medida estas conectando y activando las veces que te has sentido así en la infancia. Darles espacio a estas emociones y trabajar con las heridas que aloja tu niño interior y practicar la meditación puede ser la puerta de salida de un montón de emociones encapsuladas. Como yo experimente llegado mi momento, mi ruptura de pareja me hizo conectar con mi herida de abandono y rechazo, fue una oportunidad de liberar esa herida profunda de mi infancia. La verdad, que trascendido esto me ha llenado de fuerza y empoderamiento personal, ha sido uno de los aspectos que más me ha hecho avanzar en el arte de la pareja. 

Además, este tipo de procesos destapan sentimientos no expresados, retenidos y ocultados. En el inconsciente están alojadas todos tus sentimientos de rechazo, ridículo, menosprecio…

Al hilo de esta trama de desarrollo, ciertas heridas van produciéndose en ti con matices muy personales, acorde con el contexto concreto en el que creciste y con las estrategias espontáneas que fuiste ensayando. Con tu peculiar mezcla entre ellas. Cuando no son traídas y trabajadas en la consciencia, dan lugar en el adulto a estrategias de defensa y escape automáticas.

Estas son las heridas que pueden asaltar a la hora de una ruptura sentimental o en tu relación actual teniendo en cuanta “las 5 heridas del alma» que describe magistralmente Lise Bourbeauen, toma nota e identifica que hay de ellas en ti, conocerlas y darte cuenta es el primer paso para tu liberación.

1.- La herida del rechazo: es la primera en formarse, desde la concepción hasta alrededor del año de vida. Puede tener su origen en no ser deseado, ser de diferente sexo al deseado. De manera inconsciente, te crees sin derecho a la vida ya que “defraudas”. Si tienes esta herida procedente de experiencias de rechazo muy tempranas, tenderás a rechazarte a ti mismo y a los demás, a veces de forma muy sutil. Te será difícil acoger experiencias placenteras y de éxito debido a un sentimiento de vacío interno y a la creencia de “no merecer”.

Si esta herida está en ti puede que experimentes muchos miedos, temes a los otros y a la vida, pero sobre todo a la posibilidad de ser rechazados de nuevo. Por esta razón tu estrategia es la fuga: te dejo antes de que me dejes. Te cuesta exponerte a ser visto, por lo que tu tendencia es a pasar desapercibido y te resistes al protagonismo. Experimentas sentimientos de soledad y de no ser digno, “no me lo merezco” es un pensamiento automático ante lo bueno que la vida te regala.

2.- La herida del abandono: se produce en los tres primeros años de vida. Puede comenzar con la separación de tu madre los primeros días de vida, el nacimiento de un nuevo bebé o incluso experimentarse cuando tus padres por el motivo que sea te dejan al cuidado de otras personas. La soledad se convierte en tu peor miedo.

Si esta herida se produjo en ti no puedes estar solo, necesitas un apoyo excesivo y dependes de los demás para tomar decisiones. Experimentas dificultades para decir no y defender tus necesidades. Tu estrategia es la dependencia, por lo que con frecuencia soportas lo que sea para mantener tus relaciones, aunque en ocasiones, en una huída hacia delante, te apresuras a abandonar antes de correr el riesgo de ser abandonado de nuevo. Te cuesta hacerte responsable de tu vida.

3.- La herida de la humillación: también durante los tres primeros años de vida, de niño comienzas a desarrollar ciertas funciones físicas con las que comienzas a expresar su autonomía e individuación. Hablas, andas o comienzas a controlar esfínteres. Pero cuando no eres del todo diestro en ellas, como es normal que sea, puedes vivir como humillación los comentarios o conductas de tus padres ante tu fallo. Comparaciones, ridiculizaciones o castigos son especialmente dañinos.

Si la herida de humillación yace en ti con frecuencia tienes vergüenza de ti mismos o de los otros, y temes el ridículo. Aunque conoces tus necesidades no las respetas y tiendes a tomar más responsabilidades de la cuenta, aunque sea estresante para ti, porque tu estrategia es un punto masoquista y “tienes que demostrar que puedes”. Casi nunca estás libre para disfrutar. Puede que seas hipersensible y tomártelo todo muy a pecho.

4.- La herida de traición: entre los dos y los cuatro años fundamentalmente, de niño comienzas a percatarte de las promesas de tus padres no cumplidas, con lo que te sientes traicionado. Las mentiras y el chantaje del “pórtate bien para…”, que luego se olvida, favorecen esta decepción.

Esta herida te convierte en un adultos desconfiado, temes la mentira y la ves por todas partes. Tu estrategia es el control y se sientes mal con las ambigüedades o si no puedes preverlo todo. Te cuesta delegar y exiges excesivamente. Siempre crees tener razón y en cierto modo te ves “especial”. Puedes ser celoso en potencia, ya que cualquier vago indicio lo ves como una posibilidad de volver a ser traicionado.

5.- La herida de injusticia: se produce algo más tarde, entre los tres y lo seis años. De niño te piden una perfección a la que no puedes responder, se te compara con frecuencia con otros, por ejemplo algún niño mejor que tu. En realidad, sientes que eres valorado más por lo que haces que por quien eres realmente. Además percibes una descompensación entre lo que das y lo que recibes, incluso aunque aparentemente seas beneficiado en el recibir. Si esta herida resuena contigo puede ser que seas intolerante ante lo que percibes como injusto y para protegerte desarrollas como estrategia la rigidez. Para ti el concepto de “bien/mal”, “correcto/incorrecto” pesa mucho. Tu temor a equivocarte hace que casi nunca estés satisfecho con lo que haces, lo que hace que te reste energía. En el fondo te comportas muy injustamente contigo mismo, no te concedes el derecho al errar, por lo que tienes un sentimiento de fondo de frustración. Quizás seas muy sensible, pero no te permites expresar tus sentimientos, lo que hace que seas percibido como una persona fría y distante.

¿Te sientes identificado? 😳

Calma, perdona tu condición de «humanoide» y ten en cuenta que cada vez que te sientes herido, tu ego busca culpables en los otros o en ti mismo. Esto no soluciona nada, al contrario, la acusación provoca más sufrimiento. En cambio, la mirada consciente y compasiva🥰 a todo esto observado, a los sucesos, las situaciones y las personas que tocan tu herida, es el gran alivio para tu dolor. 

Cada estrategia que empreas para evitar que tu herida te duela, es una máscara que oculta lo mejor de ti. Cuanto más profunda sea la herida, con más frecuencia sufrirás, y esto te obligará a llevar puesta tu máscara hacia la pareja más a menudo. Tu máscara está hecha a la medida de la herida que protege. Recurres a ellas para ocultarte a ti mismos o a los demás, lo que aún no has podido resolver. Naturalmente esto lo haces de forma inconsciente, por eso aportar luz a tu herida, reconocerla y aprender a estar en contacto con ella, es la manera más fiable de dejar de necesitar ocultarte detrás de una máscara que te disfrace. Al menos, puedes decidir conscientemente si la utilizamos o no.

Lo único que pretendes es protegerte, procurar no resultar dañado al activar con cada nueva experiencia de tu vieja herida. En realidad tienes dos opciones: resignarte a vivir siempre con esa máscara, o animarte a sanar tu herida para poder soltarla. Normalmente el proceso entraña dolor, el dolor de mirar de frente tu herida, reconocerla, dejarle espacio interno, observar compasivamente y comenzar a reconciliarte con ella. Entonces comienzas a experimentar la ligereza de ser tú mismo. Con la práctica de la meditación puedes experimentar una identidad más profunda debajo del ego herido. Puedes acceder a la comprensión de que tu identidad profunda no puede resultar dañada, por tanto no necesitas defenderse de nada.

Para empezar, puedes ser consciente de cómo se activa tu herida en diferentes circunstancias habituales de tu vida y comenzar a dejarte un espacio interno y a darle voz en vez de defenderte. Cuando esto suceda puedes vivir la situación en tres pasos que puedes culminar en la meditación

PRESENCIA E LA EMOCIÓN

  • Acepta: cuando te des cuenta de tu reacción automática ante el dolor de tu herida, abre un espacio interno a tus sentimientos, observa tus pensamientos, tus sensaciones físicas y no trates de esquivarlas, simplemente siente… Recuerda que aceptar y observar no quiere decir estar de acuerdo.

 

  • Comprende: cae en la cuenta de que tu herida es expresión de tu “humanidad compartida”. Todos los seres humanos están heridos, “no hay gente mala sino gente que sufre”. Cuando tienes esto en cuenta, puedes comenzar a sentir compasión y tolerancia por los otros y por ti mismo, sin juicios ni acusaciones.

 

  • Reconoce: cuando intuyes que debajo de tu conflicto está el dolor de tu herida, respira y pregúntate: ¿cuál es mi necesidad? ¿Ser amado, protegido, considerado, respetado, reconocido? Ahora que eres adulto, puedes dejar de buscar que otros colmen sus necesidades y comenzar a darte tú mismo el reconocimiento, respeto, amor o atención que pudo faltar en tus primeros años de vida.

Debes paradójicamente tomar consciencia del dolor y sentirlo plenamente, ya que cuando te resistes a algo esto persiste.

Si te apetece culminar este trabajo permite  contactar con tu niño interior herido a través del ejercicio que comparto más abajo, hoy soy todo corazón😍, con esta meditación guiada hacia el niño interior herido  y habiendo observado lo anterior comentado, con paciencia y perseverancia quizás te llenes de mucha fuerza. Te sugiero que esto que comparto en este artículo lo releas varias veces y que practiques las meditaciones sugeridas todos los días. A más azúcar más dulce. 

MEDITACIÓN NIÑO INTERIOR

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Es un placer tenerte a bordo.

Recuerda que:
 
“El viaje hacia el buen amor de pareja comienza por separarse bien y culmina siendo la persona que deseas en tu vida»
 

Seguimos en la brecha!
Hondo abrazo

Técnicas de Psicohigiene Transpersonal