07 Jun EL CEREBRO DEL NIÑ@ QUE MEDITA

La relación entre el cerebro y el cuerpo parece cada día mas clara, y no solo por la forma en la que los humanos somatizamos los estados mentales y traducimos un disgusto en un dolor de estomago o en una mala digestión, sino en otras manifestaciones: De hecho, crece la hipótesis de que el cuerpo puede desarrollar cierta intuición más allá del cerebro; incluso de que el corazón podría transitar cierta información a través del campo electromagnético. Es posible que el corazón goce de alguna sensibilidad que podrá elevarlo a la categoría de un segundo cerebro.

Esta relación entre cuerpo y mente se aprecia de forma muy evidente durante la meditación y el efecto que la quietud corporal genera en la actividad de la mente, que se serena y aclara. Es como si dejarnos de remover la arena de la orilla del mar y permitiéramos que volviera a reposar tranquilamente en el fondo. Todo podría verse más claro y con más calma, aunque siga habiendo peces (pensamientos) y pequeñas olas (estados mentales). Llega un momento en que la meditación  la barrera entre el cuerpo y la mente se cae y “se vive sin cabeza”. Es el salto de la atención enfocada desde el entrecejo a una atención integradora que se ejecuta también en el cuerpo.

La meditación produce grandes beneficios cerebrales en el niño que se pueden resumir en dos: la formación de ondas cerebrales más lentas, -esto lo capacita para pensar mejor y obtener mejor bienestar- y la integración de varias zonas y procesos cerebrales en aquello que hace, lo cual amplia sus capacidades y habilidades de conocimiento y rendimiento, ya sea en idiomas, deporte, música, etc.

Como ya hemos comentado antes, la meditación desarrolla las capacidades de aprendizaje del niño, pero ¿cómo y porqué? Pues mejorando la atención, en primer lugar. Fijar y mantener la atención en algo concreto es una tarea de gran complejidad y en ella participan varias áreas de ambos hemisferios. La parte mas involucrada en la adquisición de nuevos conocimientos o habilidades es el área frontal. En ella se ubican la intuición, la empatía, las flexibilidades de respuesta la introspección, el autoconocimiento y la moralidad del individuo.

Meditar es entrar en sintonía con uno mismo y esta demostrado que esta facilita la empatía con los demás. La meditación fomenta la plasticidad neuronal y estimula no solo las áreas relacionadas con la atención, sino también las sociales, con lo que favorece la integración del los dos hemisferios, tan necesaria en la estabilidad y el aprendizaje consciente. Al actuar sobre el área pre frontal del cerebro ayuda a controlar el miedo y a favorecer la empatía, por ejemplo.

Meditar tiene mucho que ver con adueñarse de la propia vida, con abandonar las formas de actuar automáticas y comenzar a funcionar en primera persona, del singular o del plural, pero en primera persona. También tienen que ver con sentir en vez de pensar y percibir, en vez de analizar.

Invitar al niño a observar su mente, siempre llena de representaciones mentales, y hacerle entender que no tienen que identificarse con todas, es abrir una nueva puerta al conocer. El niño puede aprender de esta forma a gestionar su propia actividad mental y a librarse de ella cuando sea necesario.

También entenderán que lo que llamamos saber no es más que una forma de mapear la realidad con nuestra mente. Esta conclusión los lleva a buscar una experiencia directa con las cosas, con su complejidad y misterio, en lugar de quedarse con el mero concepto aprendido con anterioridad.

Para medir los beneficios de una forma científica, La Universidad de Wisconsin realizó un estudio de los cambios que la meditación provoca en el cerebro humano, sometiendo a monjes budistas que contaban con miles de horas de práctica a sus espaldas a avanzadas técnicas de neuroimagen. Los resultados fueron determinantes: la meditación activaba zonas del cerebro que regulan las emociones positivas, mientras que ayudan a neutralizar la parte pre frontal derecha, responsable e la negatividad y las depresiones. Tanto es así que la neuroimagen practicada al monje tibetano Matthieu Ricard hizo que fuera considerado una de las personas más felices del la Tierra.

 

Texto basado En el libro “Meditación para niños” de Luis López González.

 

COMPARTELO ...Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Share on LinkedInEmail this to someone
Juan Martinez Simon
Terapeuta en Confianza Plena Transpersonal (C.P.T.) Fundador de la Plataforma de Vivir en Confianza www.vivirenconfianza.com forma parte de nuestra comunidad y únete a nuestro Facebook. ¡Te esperamos!
Juan Martinez Simon

Latest posts by Juan Martinez Simon (see all)

Juan Martinez Simon
Juan Carlos Martínez Simón, Terapeuta Transpersonal, Experto en Confianza Plena y Fundador de la plataforma www.vivirencofianza.com.
Mi vocación, acompañar a toda persona que atraviese una situación emocional conflictiva a que consiga el empoderamiento personal que le haga encontrar el camino hacia la Plenitud.

“Existe un camino que te lleva a vivir en CONFIANZA, donde desaparece el miedo y surgen el Bienestar y el Éxito”
Juan Carlos Martínez Simón.