28 Jun ¿CÓMO EDUCAS EN LO EMOCIONAL A TU HIJ@?

En este punto queda claro que los padres necesitan desarrollar cierta educación emocional, una educación que a menudo no se ha recibido por parte de la propia familia, para satisfacer las necesidades afectivas de sus hijos y propiciar así su maduración hacia la consecución de cierta autonomía y madurez.

Este es un ámbito en el que la sociedad en su conjunto se muestra bastante deficitaria, por lo que se asumen como normales muchos patrones manipulativos y generadores de todo lo contrario, esto es, de dependencia emocional.

Lo principal para atender las necesidades de desarrollo emocionales es, en principio, recuperar la tradicional función afectiva de la que se encargaban las mamás. En la actualidad la incorporación de la mujer al trabajo, y la progresiva integración de características masculinas, ha llevado a que sean ellas las encargadas de disciplinar a los hijos. La educación afectiva cada vez ha resultado más anulada.

Nuestro camino hacia la integración, y la superación de los modelos patriarcales, nos lleva a ver la importancia de que ambos padres pueden desarrollar una vinculación afectiva con sus hijos, expresada como cariño y compasión. Significa querer a cada hijo con sus especiales características, sin pedirles nada a cambio de este afecto. El mensaje implícito es: “Tú vales”, independientemente de los logros o formas de ser.

La presencia de emociones y pasiones intensas y de carácter “negativo”, ha sido históricamente reprimido en lo social. La incomodidad para sostener estas emociones sin tratar de modificarlas rápidamente, lleva a no atender las necesidades de los hijos de expresar sus miedos, su ira y su tristeza.

“No te enfades”, “No tengas miedo” o “No estés triste”, son consignas que desatienden el desarrollo emocional del ser humano, y que cimientan el inicio del curso de numerosas enfermedades psicosomáticas, con una clara incidencia negativa en el sistema inmunológico.

Por otra parte, así como la figura de la mujer y de lo femenino ha sido históricamente desvalorizada desde las instancias patriarcales, todo lo ligado a lo emocional y afectivo, también ha sido considerado como propio de personalidades débiles y poco maduras.

Sin embargo, paradójicamente, los adultos que no han desarrollado plenamente su mundo afectivo y emocional, tienden a ser emocionalmente dependientes e infantilizados, detrás de sus corazas de rudeza e insensibilidad.

La situación se ha vuelto realmente crítica cuando las mujeres, en aras de hacerse un hueco en este sistema patriarcal, comienzan a renunciar también al desarrollo de su dimensión afectiva para sobrevivir en el intelectualizado y racional mundo del trabajo profesionalizado.

Aumenta de esta manera la distancia emocional con los hijos, que a menudo se presentan como una carga adicional a las tensiones emocionales vividas en el mundo laboral. Cada vez hay menos capacidad para atender estas necesidades afectivas, en un ambiente generalizado de desbordamiento emocional y agotamiento.

Las continuas situaciones conflictivas que nos pueden presentar los hijos, nos distancian de las expectativas generales de que ser padres nos proporcionaría un alto nivel de satisfacción y bienestar. Las emociones negativas expresadas por los hijos desde su primer llanto, tienden a ser desatendidas por los padres, entendiendo que lo mejor sería que estas emociones no se dieran.

Es necesario romper esa expectativa de que la vida familiar se debe desarrollar en un clima de absoluta apacibilidad y calma en lo emocional, ya que tiende a anular la posibilidad de expresión de las diversas emociones que se están sintiendo realmente, y que no pueden ser negadas. De esta manera, cada vez que comenzamos a sentir o percibir emociones negativas, presentes en los diferentes conflictos, desatenderemos la emoción presente en los hijos, para tratar de evitar y reducir rápidamente nuestro propio malestar.

Debemos aprender algunas herramientas para atender las necesidades emocionales y afectivas de nuestros hijos implica por tanto, la posibilidad de manejar y gestionar el propio malestar. De esta forma, nos capacitamos para abrirnos plenamente a aquello que está demandando ser atendido, y surge el criterio para una contención emocional más inteligente. Esta resonancia hace que realmente podamos transmitir una serenidad y una calma que hace que la tensión emocional simplemente se disuelva cuando pasa un tiempo oportuno.

Reconocer esta extendida cojera emocional, y tratar de hacer algo al respecto para madurar y responsabilizarnos de nuestras emociones, es uno de los mayores regalos educativos que podemos hacer llegar a nuestra descendencia.

Unos padres que saben gestionar su propia felicidad, actúan como buenos modelos para sus hijos, fomentando su autonomía afectiva. La Terapia Confianza Plena Transpersonal (C.P.T.) puede darte pautas profundas para una reeducación emocional, y para la construcción de una mente feliz.

 

Basado en texto de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal.

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Juan Martinez Simon
Terapeuta en Confianza Plena Transpersonal (C.P.T.) Fundador de la Plataforma de Vivir en Confianza www.vivirenconfianza.com forma parte de nuestra comunidad y únete a nuestro Facebook. ¡Te esperamos!
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Juan Carlos Martínez Simón, Terapeuta Transpersonal, Experto en Confianza Plena y Fundador de la plataforma www.vivirencofianza.com.
Mi vocación, acompañar a toda persona que atraviese una situación emocional conflictiva a que consiga el empoderamiento personal que le haga encontrar el camino hacia la Plenitud.

“Existe un camino que te lleva a vivir en CONFIANZA, donde desaparece el miedo y surgen el Bienestar y el Éxito”
Juan Carlos Martínez Simón.