14 Jun ¿ATENDEMOS LAS NECESIDADES DE NUESTR@S HIJOS?

 

Desde una perspectiva transpersonal, las actitudes amorosas, más allá de los sentimientos afectivos generados hacia los hijos, se traducen en acciones de  Atención Plena a sus diferentes necesidades. Necesidades que son cambiantes, y se transforman evolutivamente con el paso del tiempo.

Cuando el enfoque pasa de la proyección inconsciente de las propias necesidades como padres, a las necesidades reales sentidas por los hijos, comienza la senda de una relación consciente con ellos. Una atención que no  conlleva sobreprotección, ya que se divisa de forma más clara lo que los hijos necesitan para alcanzar sus objetivos por sí mismos.

Una atención además centrada en nuestro propio Ser, y la observación de las sensaciones, emociones y pensamientos que brotan en cada situación.

La práctica de la Atención Plena en nuestra relación educativa con los hijos, nos permite diferenciar cuáles son nuestras propias necesidades y cuáles son las de nuestros hijos.

Si vivimos el momento presente en la interacción con ellos, escuchamos nuestras necesidades y las asumimos como propias, a la vez que nos abrimos plenamente a observar las necesidades reales que ellos tratan de expresar (más allá de lo que nos piden). Es muy común que cuando los padres, por ejemplo, sienten frío, obliguen a los hijos a abrigarse, sin pararse a preguntarles si esa es una necesidad real sentida por ellos. Podría resolverse esta situación con algo tan sencillo como preguntar si se tiene frío, antes de suponerlo. A menudo se confunde la intuición con la presuposición.

De esta manera, los hijos comienzan a hacerse responsables de la gestión de sus propias sensaciones. Un espacio de maduración que quizás nos incomode en primera instancia. Podemos observar si nos resulta placentero que ellos nos necesiten. ¿Entendemos que nos quieren si nos necesitan? Esto puede llevar fácilmente a la sobreprotección y al refuerzo de patrones inconscientes de dependencia emocional.

Poder escuchar nuestras propias necesidades y deseos, y procurar su satisfacción de manera adulta, señala que hemos trabajado y sanado nuestra relación con nuestro niño interior. Nos permitimos disfrutar, sin que nos parezca que esto sea algo “egoísta”. Si reprimimos este amor propio, nuestro niño herido resultante nos lleva a tratar que los demás satisfagan estas necesidades por nosotros, de manera consciente o inconsciente. Nos hemos sentido de alguna manera víctimas en la infancia, cuando se desatendieron nuestras necesidades, y seguimos buscando que alguien nos restituya esa emoción carencial que se guarda con cierto rencor. Supone un desorden sistémico tratar de que sean precisamente nuestros hijos quienes rellenen esos huecos carenciales de nuestra personalidad.

Proyectado en nuestros hijos, podemos jugar al fantasmagórico juego de tratar de sanar nuestras heridas cuidando y atendiendo estas mismas necesidades, que creemos presentes en ellos. El resultado es que no estamos percibiendo realmente estas necesidades, y no nos hacemos bien, ni a nosotros ni a ellos. De ahí la importancia de comenzar a gestionar nuestras necesidades, y aplicar la atención plena para percibir mejor las de nuestros hijos. Es cierto que ayudando a los demás nos ayudamos a nosotros mismos, pero para que se dé la posibilidad de un crecimiento mutuo tenemos que aprender a vernos y a ver al otro con mayor transparencia o trans-apariencia.

¿Cómo desatendemos las necesidades de nuestros hijos? A menudo escuchamos que los niños cuando se portan “mal”, es en realidad para hacer llamadas de atención. Este término, cada vez más popularizado en esta sociedad psicológica, ha llegado a ser usado como comodín para explicar cualquier comportamiento disruptivo por parte de los hijos. La solución generalmente aportada por la psicología conductual, propone ignorar estas llamadas de atención, buscando la extinción de aquellos comportamientos que, por lo común, desesperan a los padres. Algo que parece tan sencillo como no reforzar estas llamadas de atención con ese regalo que están pidiendo: nuestra atención, tiempo y disposición.

Sin embargo, es necesario volver a revisar este concepto de llamada de atención, como algo únicamente negativo. Por muy disfuncional que sea una llamada de atención, como puede ser en un caso extremo un intento de suicidio, hay que tener claro que lo que está presente en los hijos es una mala comunicación de una necesidad de amor, en forma de atención. Existe una necesidad de atención que no se sabe expresar de forma explícita, y que no está siendo tomada en cuenta. El motivo de la llamada de atención puede ser una excusa. ¿Qué nos están tratando de comunicar realmente?

Es fácil enredarse en el discurso inmaduro de los hijos, sin saber ver qué hay más allá de la aparente chiquillada. Podemos pasar a ser conscientes de las “llamadas de atención” por parte del niño, como síntomas de nuestra posible desatención hacia algún nivel de su desarrollo: ¿Necesita salir a jugar y hacer deporte? ¿Necesita alguna muestra afectiva? ¿Necesita que hablemos de sus cosas?… Le podemos ayudar a aclarar qué es lo que realmente está necesitando, y negociar en qué momento podremos atenderlo.

No se trata de consentir y dar todo lo que quieren en el momento en el que lo piden. Está bien priorizar, e incluso no está mal para ir entrenando una mayor capacidad de paciencia en los menores. Sin embargo, interesarnos en el momento en el que intuyamos que está pasando algo y no dejarlo pasar, da al menor la sensación de confianza y seguridad: está siendo atendido. La indiferencia es el verdadero opuesto al afecto. En el rechazo el otro aún nos importa.

Resulta necesario realizar con empatía cierta labor detectivesca, libre de prejuicios y memorias del pasado, para que los hijos puedan tener la oportunidad de expresar de forma más madura necesidades que, quizás, no pueden ni si quiera elaborar de forma consciente.

Basado en texto de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal.

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Juan Martinez Simon
Terapeuta en Confianza Plena Transpersonal (C.P.T.) Fundador de la Plataforma de Vivir en Confianza www.vivirenconfianza.com forma parte de nuestra comunidad y únete a nuestro Facebook. ¡Te esperamos!
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Juan Carlos Martínez Simón, Terapeuta Transpersonal, Experto en Confianza Plena y Fundador de la plataforma www.vivirencofianza.com.
Mi vocación, acompañar a toda persona que atraviese una situación emocional conflictiva a que consiga el empoderamiento personal que le haga encontrar el camino hacia la Plenitud.

“Existe un camino que te lleva a vivir en CONFIANZA, donde desaparece el miedo y surgen el Bienestar y el Éxito”
Juan Carlos Martínez Simón.